CLAUDIO CORONEL

Maravilla, entre la historia, lesiones y polémica

Claudio Coronel analiza la pelea de Sergio Martínez ante Martin Murray y las repercusiones que generó un combate para recordar.

Por CLAUDIO CORONEL28/4/2013 - Buenos Aires
Retuvo su corona por primera vez. (TÉLAM)
Retuvo su corona por primera vez. (TÉLAM)

“¡Ladrón! Volvete a España”, gritó un espectador de la platea norte baja del José Amalfitani. Fue un grito tan aislado como exagerado, aunque no totalmente disonante con la salida masiva que se vio del estadio mientras Sergio Maravilla Martínez, quien acababa de protagonizar una jornada histórica si se abstrae el análisis a lo estrictamente promocional, pedía el micrófono para saludar a un  público que ya se marchaba. ¿Pero cuántos deportistas del mundo pueden decir que son capaces de movilizar 40 mil espectadores para verlo en acción? ¿Y cuántos fuera del fútbol pueden decir eso en la Argentina? Y a ese logro nada debería empañárselo al argentino

 

Por eso desde el comentario previo se habló de las dos dimensiones. Porque una vez más quedó reflejado aquello de que el boxeo como disciplina deportiva es donde más claro está la interrelación entre lo comercial y lo competitivo.

 

Lo primero fue realmente impecable. Fuentes de la organización hablaron de la venta de 35 mil boletos con precios que oscilaban entre los 20 y 900 dólares, lo que implicaría una recaudación cercana a los 3,8 millones de dólares. Los restantes 5 mil boletos se habrían ido entre compromisos comerciales y de protocolo. A pesar de que la lluvia fue un castigo desde el inicio del festival y arreció duramente durante el cuarto round de la pelea principal la muchedumbre se mantuvo incólume en su gran mayoría.

 

Este es el show

 

Los condimentos como los juegos con las pantallas donde se invitaba a las parejas a besarse en cámara, a los amigos a bailar o el “Gritómetro” que medía la excitación vocal de los concurrentes; el homenaje en video a todos los campeones del mundo de la historia boxística de la Argentina, el show de BajoFondo con el himno argentino en una versión tan original como estupendamente ejecutada y el ingreso de Maravilla acompañado por René de Calle 13 cantando una versión adaptada de Latinoamérica, le dieron brillo a la velada.

 

A los que usan el lugar común de decir que era una jornada al mejor estilo de Las Vegas se les nota que no deben haber ido a una jornada de boxeo en la Ciudad del Pecado, ya que lo visto no tiene nada que ver con lo que allí ocurre. Por el contrario, lo exhibido fue mucho más argentino y se puede decir mejor por ser más cercano al concepto de entretenimiento que necesita el público del país sudamericano.

 

Lo que podría entenderse como una sabia decisión de la organización en no ejecutar el himno inglés para evitar insultos y abucheos se empañó con el accionar de Mariano Iudica (un conductor de programas televisivos de alta repercusión en la Argentina), quien no dudo en incitar a los espectadores a gritar “el que no salta es un inglés” o anunciar a Murray, decir que provenía de Inglaterra y luego hacer una pausa para que el público pudiera sacar lo peor del nacionalismo mal entendido. Quizás la elección del animador haya sido el único lunar en una organización sin máculas.

 

¿Ganó bien Martínez?

 

Hay que decirlo claramente: no fue una gran noche de Maravilla si nos atenemos a lo boxístico. Fue tan histórico en lo convocante como efímero en lo que ocurrió en el ring. Pero hay un atenuante que reconfiguró todo análisis condenatorio hacia su prestación. Y fue cuando Sampson Lewkowicz, el apoderado del argentino, informó en la conferencia de prensa que su pupilo se había roto nuevamente la mano izquierda. Sí, la misma mano que ante Julio César Chávez Junior. Aquella vez fue en el cuatro asalto, esta vez fue en el segundo. Luego llegó el mismo Martínez (con la mano totalmente vendada diciendo que “esto es así, gajes del oficio. No pasa nada. Estoy muy feliz por haber vivido la mejor noche deportiva de mi vida”.

 

¿Pero qué fue lo que pasó en el ring? ¿Qué fue lo que llevó a que el venezolano Nicolás Hidalgo, el filipino Rey Danseco y el mexicano Alejandro Rochin lo vieran ganar por 115-112? Hubo una pelea que se puede dividir en tres circunstancias de cuatro rounds y que explican la tarjeta de FOXSportsla.com de 114-113 para el argentino, que retuvo el campeonato mundial de peso mediano reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo.

 

El inicio de la contienda dio una imagen que sería errónea del concepto general pero en la que Martínez (51-2-2; 28 KOs) sacó lo que terminaría siendo una ventaja sustancial para abrazar el triunfo. Y es que en esos 15 minutos iniciales de combate parecía que a Murray (25-1-1; 11KOs) realmente el ambiente generado por 39.950 argentinos (apenas 50 bravos fans ingleses se animaron a encarar la travesía hacia Buenos Aires) lo terminaría achicando y que no tuviera la intención de reclamar una porción bien grande en esta jornada histórica.

 

En esas primeras vueltas el inglés parecía más preocupado por mantener bien armada la guardia y no ser sorprendido por una réplica del campeón que intentar lastimar a su rival. Tibios intentos con el jab y envíos directos que parecían una osadía. Maravilla con un poco de esgrima de larga distancia y juego de piernas para entrar y salir marcó diferencias aunque en el segundo asalto sufrió la lesión de su mano izquierda que no se alcanzó percibir en qué momento se produjo, aunque luego el monarca se encargaría de aclarar que fue por un golpe sobre uno de los codos.

 

Pero llegó el otro segmente de cuatro asaltos donde Murray, quizás percibiendo que no era la noche para temer a la izquierda -quebrada- de Martínez, podía realmente buscar la hazaña. En el quinto round fue cuando por primera vez intentó cargar con ganchos al cuerpo y ejecutar lo que se esperaba de él, un boxeador ortodoxo, lineal y con un solo lineamiento de pelea. Y eso era que pudiera meterse en la corta distancia para lastimar a su oponente.

 

Ya en el cuarto round se había animado a tirar un golpe bajo que fue apenas apercibido verbalmente por el árbitro italiano Massimo Barovecchio. Y viendo que el árbitro no tenía intenciones localistas y quizás para mostrar que a él no lo intimidaba la muchedumbre que lo había silbado al punto de tapar el sonido de  la pacífica canción de Bob Marley (¿un boxeador ingresando con reggae?) durante los más de 100 metros que caminó rumbo al cuadrilátero, decidió volver a aplicar un debajo del cinturón. Y no solo eso. También lanzó un golpe luego de la orden de break del referí. Fue la manera que tuvo de decir que él estaba para dar pelea y que no le importaban muchos los medios si el fin lo justificaba. Fue una forma de evidenciar que en el británico podían habitar muchas sensaciones menos el miedo o la apatía.

 

Y llegó el octavo round. Un asalto donde Maravilla, tal su costumbre, peleaba con la guardia baja. O mejor dicho directamente sin guardia. Confiado en sus piernas terminó yendo a la lona una vez más, al igual que en su último combate con Chavéz Jr. Esta vez fue mientras retrocedía, sin reguardo de manos ni brazos, con los pies en paralelo y el derecho sin afirmarse completamente en la lona. Un directo de derecha lo mandó al suelo. Se levantó sin mayores inconvenientes pero ya quedaba claro que no sería una noche sencilla, por si la fractura de su mano no hubiera sido ya un indicio total de eso.

 

Fue el momento del segmento final. El inglés ya había logrado tumbar al argentino aunque no con la potencia necesaria para noquearlo. El campeón no parecía tener la potencia necesaria tampoco para lograr un golpe anestesiante. Fue el momento del ajedrez. La pelea estaba muy cerrada y el que tuviera un mejor cierre se llevaría el resultado por el canto de una uña.

 

Maravilla volvió a ir a la lona aunque el árbitro no convalidó la caída y eso pareció desmoronar a Murray, quien no volvió a estar cerca de acabar con la contienda antes del final. Las piernas del argentino volvieron a ser efectivas. Dejó de lado lo lastimada que estaba su mano izquierda y lanzó combinaciones que tenían el puño zurdo como definidor, aunque esas condiciones era una quimera pensar que pudiera dormir a su rival.

 

Con ese poco Martínez logró superar una noche soñada que parecía trocar en pesadilla. Otro boxeador sin su inteligencia, coraje y talento probablemente no hubiera podido terminar con la mano en alto.

 

Hasta el año que viene

 

Mientras este cronista esperaba por Martínez en el gimnasio de baloncesto de Vélez Sársfield, lugar donde se montó el escenario donde se celebraría la conferencia de prensa, alguien cercano a la organización le reveló que Maravilla no vendría a la reunión aunque no sabía los motivos. Se esperaba mucho su palabra para saber si había explicaciones para una noche decepcionante.

 

Ya se había ido el argentino Luis Abregú, quien derrotó por puntos al canadiense Antonin Decarie para ganar el indescifrable cinturón Plata del CMB de los pesos welters. 

 

Llegó Lewkowicz y luego de cumplir con sus compromisos de nombrar a quienes habían ayudado con la promoción informó que Martínez tenía fracturada su mano y que iba camino al hospital. Que pedía disculpas por no poder atender a los medios periodísticos.

 

“Teniendo en cuenta esta lesión y como Sergio es para mí como un hijo quiero informarles que hay que cuidarlo mucho. Por eso no vamos a concretar ninguna pelea hasta marzo del año que viene. Esta fue su única pelea en el año y estamos muy contentos de que haya sido una jornada histórica”, agregó el promotor.

 

Cuando el empresario terminó su alocución llegó alguien desde el vestuario y dijo que en 20 minutos Martínez atendería a la prensa.

 

“Me estaba por ir al hospital pero me dijeron que había muchos medios aquí y creo que tengo que respetar que ustedes están trabajando, por eso vine”, aclaró el argentino con su mano izquierda vendada.

 

Mientras respondió preguntas de ocasión se permitió hacer subir al escenario a su doctora, la que lo ayudó en la recuperación de su operación de rodilla de diciembre y dejó una frase premonitoria: “A esta altura de mi carrera me preocupan más las lesiones que las derrotas”.

 

Por eso es difícil pensar en dos peleas más de Martínez. Si su futuro sigue las coordenadas expresadas por Lewkowicz, cuando vuelva a subir al ring tendrá 39 años, más de 16 como boxeador profesional, tres operaciones en su mano izquierda y otra en una de sus rodillas. Al hilo le queda escaso carretel.

 

A los que sueñan con un combate ante Floyd Mayweather Jr. hay que recordarles nuevamente aquello de las esferas del boxeo. En este caso la comercial, ya que el estadounidense tiene contrato con Showtime mientras que el argentino con HBO. Si bien ambas compañías han concertado combates en conjunto, eso ha ocurrido en ocasiones excepcionales.

 

Antes de la pelea, en la entrada del hotel Sheraton donde se celebró el pesaje, uno de los asesores de Lewkowicz deslizó el nombre del puertorriqueño Miguel Angel Cotto, aunque ahí la traba sería la misma, ya que el boricua es hombre de Showtime.

 

Es entonces que la revancha ante Chávez Jr. cobra posibilidad, ya que es factible que el CMB haga fuerza por el mexicano (el presidente José  Sulaimán ya dio indicios de ver con buenos ojos esa pelea), HBO daría el aval nuevamente para el cruce y Top Rank, la promotora del hijo de la leyenda de Culiacán, seguramente buscará el desquite.

 

No obstante, esa danza de nombres y posible concreción del siguiente combate no es más que terreno de especulaciones. Queda casi un año completo para dilucidar lo que efectivamente pasará. Tiempo suficiente para asimilar una noche histórica.

Sigue a Claudio Coronel en Twitter: @CoronelClaudio

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